La aventura de vivir en un campamento tortuguero

¡Una gran experiencia de vida! Fue lo que vivió Diana Brindis, voluntaria en el Programa Future Makers en México, que pasó un mes en un campamento tortuguero.

Esto es lo que vivió como voluntaria en Paya del Carmen:

 

Dicen que lo que te lleva más esfuerzo, al final es lo que te va a dejar grandes satisfacciones. ¡Vaya que sí! Haber vivido en el campamento no fue fácil, pero las lecciones de vida que te deja son invaluables.

Todo comenzó el 26 de agosto, cuando de parte de Flora, Fauna y Cultura de México, nos citaron a otros voluntarios y a mí en un punto de Playa del Carmen, ubicada en el Estado de Quintana Roo, para llevarnos al campamento central en Xcacel, conocido como el Santuario de la Tortuga Marina. A la expectativa de la nueva experiencia que estaba por vivir y de la gente que conocería, llegué con mis maletas lista para empezar una nueva historia.

En el trayecto los otros chicos y yo empezamos a platicar y a conocernos. Cada uno por razones diferentes nos encontrábamos ahí, pero algo en común fue la motivación de iniciar con esta aventura. En mi caso, lo que me motivó a ser parte del Programa de Conservación de Tortugas Marinas fue el hecho de vivir una experiencia diferente, poner mi granito de arena a favor de las tortugas y plantearme esto como un reto personal a superar. Además de que desde años atrás deseaba algún día poder liberar tortuguitas.

Al llegar a Xcacel, colaboradores y los voluntarios del mes anterior nos esperaban, nos dieron la bienvenida y nos entregaron nuestro kit de voluntario: playeras, gorra, pulsera y credencial, con la cual teníamos permiso para realizar las actividades de dicho programa. Sabíamos que no todos los voluntarios de septiembre nos quedaríamos en el campamento central, pues como existen también otros campamentos, nos canalizan de acuerdo a las necesidades de cada lugar. Así que los colaboradores nos ayudaron a colgar nuestras hamacas para poder empezar a instalarnos.

Las noches que pasé en Xcacel fueron muy especiales, porque tienes el mar a unos metros y te duermes escuchando el oleaje, como si el mar te dijera: “¡Hey, estás aquí, en verdad estás viviendo esto! ¡Disfrútalo!”

IMG_4221Los dos días siguientes tuvimos un curso para aprender sobre los antecedentes del programa de conservación, las especies de tortuga, su morfología y cuestiones técnicas que teníamos que conocer para hacer un buen trabajo cuando empezáramos a patrullar la playa.

 El último día del curso, 28 de agosto, nos informaron quienes se quedaban y quienes se trasladaban a otros de los campamentos. A mí y a otra compañera nos tocó en el campamento del Arco Maya, al inicio de la Reserva de la Biósfera de Sian Ka´an, por lo que esa noche nos llevaron ahí para poder iniciar con las actividades. ¡Ahora sí empezaríamos con los desvelos!

Al llegar, todos muy amables nos recibieron y nuevamente nos tocó instalarnos, pero ahora conscientes que esa sería nuestra casa por un mes. La playa que me tocó  fue Kanzul, la cual abarca una extensión de 5.1 km aprox. y se dividió en 11 zonas para poder tener un mejor control de los registros de nidos y tortugas que salen a desovar, además de que así resulta más fácil el organizarnos por equipos para patrullarla. Por cierto, en esta playa se ubican muchos de los hoteles de Tulum.

Antes de iniciar el patrullaje, había que alistarse, por lo que me vestía con tenis, pantalón, la playera de voluntaria, gorra, lámpara tipo minero con luz roja (esta luz es más tenue y no molesta a las tortugas como la luz blanca) y un poco de repelente ecológico. Cenábamos antes para tener la energía suficiente para el esfuerzo físico que nos esperaba. ¡Ahora sí ya estaba lista para comenzar!

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Los patrullajes los hacíamos a partir de las 9pm hasta que termináramos de limpiar los nidos que habíamos detectado o hasta que la última tortuga en las zonas correspondientes saliera a desovar, por lo que no teníamos un horario fijo para regresar al campamento. Esto es porque ellas desovan en la noche-madrugada y hay que estar al pendiente cuando llegan a la playa. A mi lado siempre estaba un colaborador que me guiaba y enseñaba, pues era momento de poner en práctica la teoría. Recuerdo que algunas veces nos llegó a amanecer mientras aún seguíamos en la playa y por unos momentos el cansancio se iba para admirar el paisaje que la naturaleza nos regalaba.

La primera vez que vi a una de esas tortugas me impresionó mucho, ya que son bastante grandes, algunas de más de un metro de largo. Nuestro trabajo con ellas era checar si tenían marca en alguna de las aletas (la marca es un registro alfanumérico que se les pone en una plaquita de metal y con ello es posible dar seguimiento a cada tortuga año con año), medirlas a lo ancho y largo, y checar si tenían mutilaciones o cicatrices. Toda la información se escribía en formatos que después se capturaban en el sistema. Además cuando terminaban de desovar, era necesario poner la estaca con los datos para ubicar el nido.

Otra de nuestras labores era la limpieza de nidos, esto consistía en que si detectábamos un nido en donde ya habían salido las tortuguitas, escarbábamos hasta encontrar los cascarones y poder contarlos, de tal forma que supiéramos IMG_4190la cantidad de tortugas que habían salido a la superficie.

Muchas veces encontrábamos huevos podridos, tortuguitas muertas, gusanos, etc. Pero también teníamos la enorme satisfacción de rescatar a aquellas que habían quedado atrapadas en el nido y liberarlas para que caminaran rumbo al mar.

Eso era lo que más emoción me daba, saber que estaba contribuyendo a que varias de estas pequeñas llegaran a su hogar y siempre con la esperanza de que en unos años alguna de esas tortuguitas regrese a desovar a la misma playa en la que nació.

Además, tuve la oportunidad de interactuar con los turistas tanto nacionales como extranjeros que con curiosidad se acercaban en el momento de nuestras labores. Informar para hacer conciencia también era algo importante que había que hacer.

Y si hablamos de los colaboradores con los que me tocó patrullar, puedo decir que aprendí mucho de ellos, pues su pasión y compromiso por su labor eran admirables y eso es algo que les agradezco tanto, porque a través del ejemplo era como motivaban aún más.

Fue aquí en la playa de Kanzul donde por las noches vi el cielo más hermoso que jamás he visto… tan lleno de estrellas. También me percaté de lo mucho que ilumina la luna y valoré las noches con brisa.

2Vivir en el campamento implicó adaptarme a un nuevo contexto: convivir en un espacio pequeño con ocho personas más, acostumbrarme a la hamaca como mi cama, modificar el horario habitual para dormir, etc. Pero sin lugar a dudas fue una experiencia muy enriquecedora, que así como te pone a prueba en muchos sentidos, te da una satisfacción muy grande cuando la concluyes. Ahora con mucha alegría puedo decir: “¡Lo hice!”

 

Autor: Diana Brindis 

Ex Future Maker en Playa del Carmen México

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